El 16 de noviembre se conmemora el Día Internacional para la Tolerancia, una fecha proclamada por la UNESCO en 1995 para fomentar el respeto, la comprensión y la aceptación de la diversidad cultural, social y de expresión en todo el mundo. Su sentido es claro: recordar que la tolerancia no es simple indiferencia, sino un valor activo y fundamental para la paz, la democracia y el respeto de los derechos humanos.
Argentina, con una rica historia de inmigración y diversidad cultural, es un país donde la tolerancia y el respeto son valores constitucionalmente consagrados, pero que se enfrentan a desafíos persistentes en el ámbito social.
A pesar de su tradición de acogida, la sociedad argentina no es inmune a las manifestaciones de intolerancia, que a menudo se reflejan en el ámbito político y social, donde se observa un aumento de la agresividad verbal y la descalificación en plataformas digitales y medios, lo que dificulta el diálogo constructivo y profundiza las divisiones.
En las prácticas discriminatorias que aún persisten basadas en la orientación sexual (a pesar de avances legislativos como el Matrimonio Igualitario y la Ley de Identidad de Género), la nacionalidad (particularmente hacia comunidades migrantes de países limítrofes) y la situación socioeconómica y aunque Argentina se ve a sí misma como un país «sin razas», existen casos de racismo estructural y xenofobia hacia pueblos originarios y ciertas comunidades inmigrantes, a menudo invisibilizados.
En este contexto, el Día Internacional para la Tolerancia en Argentina sirve para exigir que el Estado garantice la aplicación efectiva de las leyes antidiscriminatorias y que proteja a los sectores más vulnerables e instar a que las políticas públicas aborden la desigualdad social como caldo de cultivo de la intolerancia, promoviendo la inclusión efectiva de todas las minorías.
Subrayando que la tolerancia es una responsabilidad cotidiana, donde todos debemos confrontar los prejuicios propios y ajenos, rechazando la desinformación y el discurso de odio que se propaga, especialmente en línea.
Nuestro desafío debería ser transformar el concepto de tolerancia, en un compromiso activo con la defensa de los derechos de quienes son diferentes. Solo así se puede avanzar hacia una sociedad más justa, pacífica e inclusiva.
