ADOQUINES BAJO LA LUPA: EL MUNICIPIO PAVIMENTÓ 25 CUADRAS PERO NO LOGRA QUE LOS FRENTISTAS ABONEN EL MATERIAL

​El plan de pavimentación más ambicioso de los últimos años en Villa Gobernador Gálvez enfrenta un «agujero negro» financiero. Mientras la intendencia exhibe con orgullo el avance de las obras en Pueblo Nuevo y Barrio Talleres, la realidad contable es alarmante: el sistema de recupero es inexistente y el costo de la mejora recae, por ahora, en todos los contribuyentes por igual, al menos así lo manifestaron fuentes oficiales confiables.

​Lo que nació como un círculo virtuoso de progreso —donde la planta municipal fabrica, el Estado coloca y el vecino paga el material— se ha transformado en un interrogante político y económico. El municipio ya ha colocado miles de metros cuadrados de adoquines en 25 cuadras, beneficiando directamente a unas 400 familias, pero el retorno de la inversión es cero.

​¿Se trata de una falla en el control o falta de voluntad del vecino?

​El dato es contundente: hasta el día de hoy, ningún frentista de las zonas intervenidas ha pagado la parte que le corresponde. Esta situación deja al descubierto una falla crítica en la cadena de mando administrativa o una preocupante resistencia cultural al pago por mejoras que ya están siendo utilizadas.

​En Pueblo Nuevo, las 7 cuadras ejecutadas ya sufren el desgaste propio del tránsito, pero sus dueños aún no han firmado los convenios de pago. En Barrio Talleres, el escenario es similar: 18 cuadras en proceso de transformación total, pero con una recaudación que no logra salir del casillero de salida.

​El «efecto dominó» que castiga a otros barrios

​La gravedad del asunto no reside sólo en las cuadras ya terminadas. El sistema de adoquines de VGG se basa en el recupero de fondos: el dinero que paga el vecino de la calle Thompson debería servir para comprar el cemento de la calle que sigue en otro barrio. Al no haber ingresos, el plan se convierte en un subsidio encubierto que beneficia a unos pocos y castiga al resto de la ciudad.

La pregunta que nos hacemos es:

¿Por qué se permite que la obra avance sin que el vecino firme el compromiso de pago? ¿Quién se hace responsable de que el stock de materiales de la Planta Municipal se agote sin que ingrese el dinero para reponerlo?

​Mientras algunos vecinos justifican la falta de pago en la situación económica, otros critican la «falta de mano dura» del municipio para exigir lo que por ordenanza corresponde. Lo cierto es que, mientras el pavimento articulado revaloriza las viviendas de Talleres y Pueblo Nuevo de forma inmediata, las arcas públicas financian una mejora que no vuelve.

​El asfalto está puesto, los vecinos ya no pisan barro y el valor de sus casas subió. Ahora queda la pregunta incómoda: ¿Cuándo van a pagar? La respuesta definirá si Villa Gobernador Gálvez seguirá adoquinando sus calles o si este plan quedará como un costoso experimento que la ciudad no pudo sostener.

​»Según estimaciones basadas en el costo del hormigón elaborado, la Municipalidad tiene hoy ‘enterrados’ más de 170 millones de pesos en adoquines que ya disfrutan los frentistas, pero que no han vuelto al fondo de obras públicas. Ese dinero alcanzaría para pavimentar otras 20 cuadras en barrios postergados que hoy ven cómo el plan de progreso se frena por la falta de pago en las zonas ya beneficiadas».

​La palabra la tiene el municipio para refrendar o adherir lo vertido en esta nota. El ciudadano espera respuesta.

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