Este viaje no es una simple travesía, sino un peregrinaje de fe y memoria. Los participantes se encuentran en la etapa final de una expedición de 29 días cruzando la Cordillera de los Andes a lomo de mula. El motivo principal que los une en esta instancia es la celebración de su última misa en el corazón de la montaña, un momento de recogimiento espiritual antes de emprender el ascenso final hacia el Cristo Redentor.
Un Paisaje de Inmensidad y Devoción

El entorno que los abraza es tan imponente como el propósito de su marcha:
La Montaña Viva: Se encuentran rodeados de laderas escarpadas y formaciones rocosas monumentales que revelan la magnitud de la cordillera. El suelo pedregoso, típico de la alta montaña, sirve como su único altar.
Cielo de Fuego: Al caer la tarde, el paisaje se transforma. Las nubes se tiñen de naranjas intensos y púrpuras, creando un contraste dramático con las siluetas oscuras de los picos andinos.
Comunidad y Tradición: Alrededor de un fogón, el grupo comparte momentos de fraternidad. En medio de este silencio mineral, la identidad argentina se hace presente a través de la poesía; se escuchan versos que rinden homenaje a los soldados de San Martín y a la propia tierra, reafirmando el vínculo emocional con la historia del cruce.
Este escenario, «entre el cielo y la montaña», no solo es el camino hacia una cima geográfica, sino un espacio de preparación interior para enfrentar los desafíos del último tramo de su histórica ruta


