30 DE MARZO: DÍA MUNDIAL DEL TRASTORNO BIPOLAR (O UN LUNES CUALQUIERA EN LA ROSADA)

Hoy se conmemora el Día Mundial del Trastorno Bipolar, una fecha establecida para concientizar sobre las fluctuaciones extremas en el estado de ánimo. Pero seamos sinceros: en Argentina, más que una patología diagnóstica, la bipolaridad es nuestra plataforma electoral y nuestro deporte nacional preferido.

Entre el éxtasis místico y la motosierra compulsiva
Nuestros actuales administradores han llevado la ciclotimia a niveles artísticos. Pasamos, sin escalas y sin anestesia, de la euforia de «somos una potencia mundial porque subió un bono en Wall Street» a la depresión más profunda cuando miramos el ticket del supermercado.
Es fascinante observar la psique del funcionario promedio:
Fase Maníaca: Se manifiesta en tuits a las tres de la mañana, donde se declaran héroes intergalácticos de la libertad mientras el riesgo país baila un malambo. Hay una energía desbordante para desmantelar todo lo que tenga sombra, convencidos de que están refundando el Imperio Romano.
Fase Depresiva (o de victimización): «La casta no me deja», «el Congreso es un nido de ratas», «la realidad tiene un sesgo colectivista». Cuando los números no cierran, la culpa es siempre de un agente externo, un fantasma del pasado o una conspiración de zurdos con OSDE.
Pero no le echemos toda la culpa al balcón de la Rosada. La sociedad argentina es el paciente ambulatorio que se olvida de tomar la medicación cada cuatro años.
Somos ese extraño colectivo capaz de pedir a gritos un «ajuste feroz» un domingo, para después indignarse el lunes porque el colectivo aumentó diez pesos. Adoramos a nuestros líderes con un fervor religioso para, meses después, desearles el exilio perpetuo. Vivimos en un bucle infinito de «todo va a cambiar» y «somos una m… que no tiene arreglo».
Si la bipolaridad se define por episodios de manía y depresión, Argentina es el cuadro clínico perfecto. Un país que se siente el mejor del mundo por un Mundial de fútbol, pero que no puede ponerse de acuerdo en si el semáforo en rojo es una norma o una sugerencia estética.
A los señores que nos gobiernan: sigan con el show. La alternancia entre el «todo rompo» y el «todo salvo» es el combustible de nuestras redacciones. Y a la sociedad: preparen el café, que mañana seguro nos levantamos con una nueva crisis que nos haga olvidar la de hoy, o con un nuevo «milagro» que dure lo que un suspiro en una canasta de inflación.
En este Día del Trastorno Bipolar, no hace falta que nos den una charla. Hace décadas que vivimos en el episodio.

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