¿JUSTICIA O PRIVILEGIO? DE VIDO DEJA LA CÁRCEL TRAS LA TRAGEDIA DE ONCE

En un fallo que reabre las heridas de una de las mayores tragedias ferroviarias del país, la Cámara de Casación le otorgó el beneficio de la prisión domiciliaria a Julio De Vido. El exministro de Planificación, condenado como partícipe necesario del fraude al Estado que derivó en la muerte de 52 personas, abandonará el penal de Ezeiza.

 El argumento de la salud
Pese a que el Tribunal Oral Federal se había negado inicialmente, los jueces Mahiques, Borinsky y Yacobucci anularon el rechazo. ¿La razón? Un cuadro clínico que incluye:
Un infarto reciente (1° de abril) con colocación de stent.
Diabetes insulinodependiente e hipertensión.
76 años de edad y «alto riesgo cardiovascular».
Los puntos que generan cuestionamientos
El beneficio otorgado por la Justicia pone bajo la lupa, una vez más, la vara con la que se mide el cumplimiento de las penas para los altos funcionarios:
Condena por fraude: De Vido fue hallado culpable de vaciar las arcas del Estado mientras el sistema ferroviario colapsaba, resultando en la tragedia de Once.
Control encomendado: Aunque se pidió un «control periódico», el cumplimiento de la pena en su domicilio particular es visto por las víctimas como una forma de impunidad encubierta.
El contraste social: Mientras miles de reclusos con patologías similares permanecen en el sistema penitenciario, el ex hombre fuerte del kirchnerismo logra el retorno a la comodidad de su hogar.
¿Es una cuestión humanitaria o una nueva muestra de que el poder político tiene una justicia a medida? La salida de De Vido de Ezeiza no es solo un movimiento procesal; es un golpe ético para quienes aún esperan una justicia efectiva por las 52 vidas perdidas.

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