

Varios medios internacionales y nacionales están reflejando una fuerte declaración de la Casa Blanca, aunque con un matiz importante: el apoyo no fue un respaldo diplomático a la soberanía de las islas, sino una defensa absoluta de la libertad de expresión de los futbolistas frente a los pedidos de sanción de la FIFA.
Tras la semifinal del Mundial en la que el plantel argentino desplegó la bandera de Malvinas, medios como El Observador USA, Sky News o agencias como AFP y Reuters reflejaron la postura del gobierno de Donald Trump.
Los puntos clave de lo que informan los diarios son: Invocación de la Primera Enmienda: Andrew Giuliani, asesor presidencial y encargado de la organización del Mundial en EE. UU., fue el vocero que desactivó la polémica en una conferencia de prensa en Ante la consulta de si se debería suspender a los jugadores para la final contra España, declaró de forma tajante: «Creemos en los derechos que otorga nuestra Primera Enmienda aquí, en Estados Unidos. Tienen la posibilidad de hacer esas declaraciones».
Rechazo a los castigos: El gobierno estadounidense defendió que los jugadores estaban plenamente en su derecho de expresarse en territorio norteamericano, minimizando el conflicto y evitando que la FIFA o los reclamos británicos avancen hacia una sanción deportiva.
Elogios a Messi: Para quitarle tensión política al asunto, el funcionario desvió los cuestionamientos llenando de elogios a Lionel Messi, comparando su liderazgo e influencia en el partido contra Inglaterra con el impacto de Michael Jordan en la NBA.
La contraofensiva británica: Diarios europeos también reflejaron la inmediata y cortante réplica de un vocero del gobierno británico (Downing Street), quien declaró a la cadena Sky News: «Puede que el Mundial no sea nuestro, pero las Falklands definitivamente sí lo son».
Es una jugada política interesante: la administración Trump usó la Constitución de su propio país como un escudo para proteger a la Selección Argentina, ganándose el favor del público local en la previa de la final, sin llegar a romper explícitamente su histórica neutralidad diplomática con el Reino Unido.