PARA LEER EN DOMINGO

EL CORONAVIRUS Y EL MÉDICO DE LA FAMILIA

En estos días en que estamos bombardeados de la mañana a la noche y de la noche a la mañana, con información sobre esta pandemia que nos mete miedo a todos, no sabiendo, o no queriendo saber, qué carajo hacer, nacida en oriente y que tocó, fundamentalmente, a lo más querido por nosotros de toda Europa, Italia y España. El terruño, o mejor, los terruños de la mayoría de nuestros abuelos. No discrimino, pero el mayor porcentaje de los argentinos somos hijos/nietos de «tanos» y/o «gallegos». –

Muchas veces nos asustaban con la tortura china o el peligro chino. Ahí lo tenés, tarde, pero llegó, ya tenemos el peligro chino en casa. Bueno, nuestro mandamás en salud, Ginés, pensaba que iba a demorar más todavía. GGG dijo no pensaba que ya estaba en la esquina. GGG, y no es para reírse el virus de oriente ya llegó.

Menos mal que apareció la viceministra de salud, la Dra. Carla Vizzotti, infectóloga pa’mejor, y en estos tiempos de empoderamiento femenino, parece que cazó el mando de la situación para hacerle frente al nuevo mal de la China y con Alberto armaron el DNU y ahora sí le vamos a dar batalla. No es fácil la situación, más en un país empobrecido y con más pobres que nunca. –

Entre tanta información y consejos, escuché que, en caso de enfermos sospechosos de tener la fiebre china, es mejor recibir la visita médica en casa que ir a un efector de salud, para no contagiar o contagiarse. Si el enfermo dice: “Estolnudo a cada lato y tengo una fieble de la puta madle”. ¡Ese ya está, adentro!

Con esto de la consulta a domicilio, recordé la visita del médico de familia, siempre desde mi mirada de pibe, era un verdadero acontecimiento. Se acomodaba todo, bueno tenía que haber un enfermo, sino era un fracaso, quiero decir que la casa quedaba bien ordenadita, y no podía faltar la antigua toalla de hilo para el doctor, que se usaba pura y exclusivamente cuando venía el doctor, que a veces, éste tampoco la usaba. Por más humilde que fuera la casa, en ninguna faltaba la fina toalla de hilo. Todo un detalle.

El médico de familia era un todoterreno, atendía a los nonos y a los nenes, también al papá y a la mamá, pero éstos no se enfermaban, o no lo demostraban. Nuestro médico era el Dr. Roque Morelli, que como correspondía tenía pinta de doctor. Mi viejo decía que había un montón de maleducados que, argumentando ser amigos de la infancia, lo tuteaban. – ¡Qué falta de respeto a un Doctor!

Si era yo el enfermo, se me complicaba cuando le pedía una cuchara a mi vieja para bajarme la lengua, o se agravaba, luego del diagnóstico, si había que bajarse los lienzos para una inyección o un enema. No era el peligro chino, pero pegaba en el palo. –

Como testimonio de una época que pasó, la toalla finoli, sólo para el Doctor. –

(Gracias Rulo)

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