Lo que debía ser una noche de brindis y reencuentro familiar se transformó en una pesadilla de viento y cemento. Eran apenas las 8 de la noche de este 24 de diciembre cuando el cielo sobre Villa Gobernador Gálvez se cerró por completo, desatando un temporal feroz que ensañó su fuerza, particularmente, con el barrio Ibaiondo.

A esta hora, el panorama en la zona es desolador y el barrio se encuentra literalmente aislado.
El gigante de cemento de rodillas
La magnitud del fenómeno se hace evidente al recorrer las calles bloqueadas. La violencia de las ráfagas logró lo impensado: derribar pesadas torres de alta tensión construidas en cemento. Columnas destinadas a soportar 33.000 voltios que alimentan a Unilever, geográficamente de calle Ecuador hacia el río y hacia el sur se ha cortado la energía eléctrica para salvaguardar vidas, otras de media tensión, yacen hoy partidas sobre el barro, con cables cruzando las calzadas. Salieron de servicio 3 de los 136 transformadores que hay en la ciudad
Esta situación ha generado un bloqueo total. No se puede entrar ni salir de Ibaiondo. El ingreso de vehículos está vedado por la masa de hormigón y cables que obstruye los accesos principales.
Una Navidad a oscuras y entre escombros
El temporal no solo golpeó la infraestructura eléctrica. Los vecinos relatan minutos de terror donde el sonido del viento tapaba el estrépito de los techos de chapa siendo arrancados de cuajo.
Viviendas dañadas: Algunas casas sufrieron voladuras de techos.
Arbolado público: Ramas de gran porte y árboles enteros fueron mutilados por las ráfagas, sumando más obstáculos a las calles intransitables.
Servicio eléctrico: El 100% del sector permanece sin suministro desde el inicio de la tormenta.
«Estábamos preparando la mesa cuando el ruido se volvió insoportable. Vimos cómo la torre de la esquina se venía abajo y todo quedó a oscuras. Pasamos la Navidad cuidándonos entre los vecinos, esperando que alguien llegue», relató un habitante del barrio visiblemente afectado.
La espera por auxilio
A pesar de que han pasado horas desde el inicio de la catástrofe, la ayuda llega a cuentagotas debido a la complejidad del terreno. El personal de la Cooperativa Integral está trabajando a full en las zonas donde hay luz, el resto han desactivado el paso de la corriente esperando la luz del día para tener un panorama más claro de los daños, que seguramente llevaran muchas horas repararlos
No se trata solo de reconectar cables; la reconstrucción de las torres de cemento y el despeje de las líneas de alta tensión demandarán días de trabajo intenso. La prioridad absoluta ahora es garantizar la seguridad de los vecinos que caminan entre postes caídos y asegurar que el peligro eléctrico sea neutralizado.
La Navidad en Ibaiondo no tuvo luces de colores ni música. Solo el silencio de la oscuridad, el frío del barro y la incertidumbre de una comunidad que espera asistencia urgente para empezar a reconstruir lo que el viento se llevó.


