Bajo la sombra de la inseguridad permanente, un joven se encontró con su vehículo baleado en la puerta de su casa. Los peritos secuestraron material balístico en el interior del rodado. No hay detenidos.
V. G. Gálvez vuelve a ser escenario de un hecho de violencia armada que, aunque no se cobró vidas humanas, profundiza el sentimiento de indefensión y hastío entre los vecinos. Lo que para las estadísticas es un «abuso de arma», para la comunidad es un nuevo capítulo de una cotidianeidad marcada por el plomo y la falta de respuestas.
El episodio se registró en la mañana de este martes 20 de enero de 2026, alrededor de las 11:00 horas, personal de la Unidad Operativa II de la D.G.P.A.T. fue comisionado a un domicilio de calle Alvear al 1900, en jurisdicción de la Comisaría 29ª.
Allí, la víctima, identificada como J. D.B, relató una secuencia que ya resulta tristemente familiar: al salir de su vivienda, se topó con los daños en su automóvil, un Renault Clio que había quedado estacionado en la vía pública.
Los uniformados constataron que el vehículo presentaba el cristal trasero estallado. Tras una inspección más detallada, se observó un orificio de entrada en el apoyacabeza del lado del acompañante, lo que evidencia la peligrosidad del ataque: si alguien hubiera estado dentro del coche, el desenlace habría sido trágico.
Siguiendo el protocolo de rigor, se solicitó la presencia del gabinete criminalístico de la Policía de Investigaciones (PDI). Pasado el mediodía, dicha fuerza arribó al lugar y se encargó de la fotografía pericial y procedió al levantamiento de un plomo hallado en el interior del habitáculo.
Pese al despliegue policial y al secuestro de material balístico, el hecho no cuenta con personas aprehendidas. Una vez finalizadas las tareas de campo, las actuaciones fueron trasladadas a la Seccional 29ª .
Este nuevo ataque se suma a una lista interminable de incidentes que mantienen a Villa Gobernador Gálvez bajo un estado de alerta constante. Mientras los trámites administrativos siguen su curso, el vecino de a pie queda una vez más con la sensación de que las calles han dejado de pertenecerle, cediendo terreno ante una violencia que no parece encontrar límites.

