En una tarde gris de esas que invitan a un buen mate caliente, una esquina de Villa Gobernador Gálvez se vistió de fiesta. No hubo cintas rojas de gala ni grandes estrados; alcanzó con un banco de madera verde reluciente, embanderado con los colores de la Argentina, y un grupo de vecinos unidos por el afecto y la nostalgia.
Allí, con papel en mano y la emoción a flor de piel, un vecino tomó la palabra para inaugurar mucho más que un mueble urbano: se inauguró un pedazo vivo de la memoria del barrio.
Un rincón con historia
«En este mismo lugar existió un banquito similar a este, en donde varias generaciones de vecinos disfrutamos de su servicio…»
El relato comenzó reviviendo las épocas doradas de la adolescencia. En esa misma vereda, décadas atrás, el antiguo banquito vio pasar la vida cotidiana del vecindario. Era el punto inevitable de encuentro para conversar con personajes inolvidables como «Titi» Davalle, de la emblemática peluquería de Don Pablo Davalle.
En sus maderas se durmieron siestas de verano, se compartieron noches al fresco junto al querido «Mamón» y se gestaron las salidas de mochileros de la inolvidable barra «Salidanza». Fue confesionario de secretos juveniles, testigo de risas interminables e historias compartidas que moldearon la vida de quienes crecieron en la zona.

«Volver al lugar donde fuimos felices»

«…Pasaron los años, pero el cariño por el rincón de siempre permaneció intacto. Con la idea de devolverle al barrio ese punto de reunión, se puso en marcha la recuperación y reconstrucción del legendario banco.
Hoy, con algunos años más encima y más tiempo para disfrutar de las cosas simples, el banquito regresa a cumplir su misión original:
Aceptar la compañía de un buen mate.
Ser la pausa reconfortante en la rutina diaria, recibir a cualquier amigo o vecino que pase a compartir un buen momento.
La reconstrucción de este símbolo barrial no fue un trabajo solitario. Durante su emotivo discurso, el vecino destacó con gratitud el esfuerzo colectivo que hizo posible el proyecto:
A la familia Filippini, por apoyar la construcción.
A Alberto Tamborini, por el valioso aporte de la estructura.
A Jorge Mori, por el impecable trabajo de carpintería….»
Al terminar las palabras, la vereda estalló en aplausos, vivas y sonrisas complices. Ni la llovizna ni los paraguas empañaron el momento; al contrario, le dieron el marco perfecto a una postal auténtica de barrio, donde incluso los que llegaron «un poquito atrasados» fueron recibidos con los brazos abiertos.
El banquito verde ya está ahí, firme sobre la vereda de Villa Gobernador Gálvez, en Avenida Juan D. Perón casi esquina Laprida esperando nuevas charlas, nuevas siestas y, sobre todo, para seguir tejiendo la historia de su gente.

