

(Obra del artista peruano César González Delgado)
1. El amor de los dioses y los celos de la oscuridad
Antes de que existiera el mundo tal como lo conocemos, en el plano celestial convivían dos hermanos de temperamento opuesto: Pachacamac (dios del cielo y creador) y Wakon (dios del fuego, la sequía y la oscuridad). Ambos se enamoraron de la hermosa diosa Pachamama.
Pachamama eligió a Pachacamac, lo que desató la furia de Wakon, quien provocó catástrofes, sequías e inundaciones en la Tierra. Tras una feroz contienda, Pachacamac venció a su hermano y lo desterró a las cumbres más oscuras y frías de las montañas.
Pachacamac y Pachamama descendieron a la Tierra para gobernar como seres mortales y tuvieron dos hijos gemelos (un varón y una mujer) llamados los Wilkas.
2. La tragedia y la trampa en la cueva
La paz duró poco. Pachacamac cayó accidentalmente al mar (transformándose en las islas de Lurín, en las costas del Pacífico) y la Tierra quedó sumida en la oscuridad total.
Pachamama, sola y desprotegida, caminó en la penumbra junto a sus dos hijos buscando refugio. Vieron a lo lejos una pequeña fogata en una cueva y se acercaron. Allí habitaba un hombre huraño y cubierto con pieles: era Wakon, disfrazado, esperando su venganza.
Wakon engañó a los niños pidiéndoles que fueran a buscar agua a un manantial cercano, entregándoles a propósito un cántaro rajado para que tardaran en regresar. Al quedarse a solas con Pachamama, intentó seducirla. Ante el rechazo de la diosa, Wakon la atacó violentamente y la devoró, dejando únicamente sus restos en la tierra.
3. La metamorfosis de la Tierra y el origen del Sol y la Luna
El espíritu de Pachamama, incontenible y eterno, se elevó desde los restos de su cuerpo terrestre y se fundió para siempre con el suelo, las rocas y el relieve: sus huesos se convirtieron en la Cordillera de los Andes, sus cabellos en la vegetación y sus lágrimas en los ríos y vertientes que alimentan la vida.
Los niños Wilkas lograron escapar de la trampa con la ayuda de Añas (la zorra andina) y otros animales silvestres. Al enterarse Pachacamac desde las alturas del sufrimiento de sus hijos, bajó una cuerda dorada desde el firmamento y los elevó al cielo:
El niño se convirtió en Inti (el Sol).
La niña se convirtió en Killa (la Luna).
Desde ese día, la Tierra (Pachamama) cobija y alimenta a todos los seres vivos desde abajo, mientras que sus hijos, el Sol y la Luna, la iluminan y la cuidan desde arriba.
Un detalle poco conocido sobre el ritual
En la tradición andina más profunda, el ritual de la Corpachada (dar de comer a la Tierra en agosto) no es solo una muestra de gratitud por la cosecha, sino también un acto de reparación y consuelo a Pachamama por el sufrimiento de su etapa mortal. Por eso, además de alimentos, se le ofrecen hojas de coca, alcohol e incandescentes brasas aromáticas para devolverle el calor que le arrebata la montaña.