EL ORIGEN: NI TAN DULCE, NI TAN TIERNO

El 14 de febrero es esa fecha donde el mundo se divide entre los que suspiran frente a una caja de bombones y los que quieren prender fuego el pasillo de peluches del supermercado. Pero, ¿de dónde salió todo esto?

La historia de San Valentín tiene poco de cupidos y mucho de rebeldía. En el siglo III, el emperador romano Claudio II decidió prohibir el matrimonio para los jóvenes, bajo la lógica de que los solteros sin familia eran mejores soldados (tenían menos miedo a morir si nadie los esperaba en casa).
Valentín, un médico que se hizo sacerdote, consideró que esto era una injusticia sentimental y comenzó a casar a los jóvenes en secreto en las mazmorras de Roma. Cuando lo descubrieron, el emperador no le envió una tarjeta de «te quiero»: lo mandó a ejecutar un 14 de febrero.
Dato curioso: Se dice que mientras esperaba su ejecución, se enamoró de la hija ciega del carcelero y, antes de morir, le envió una nota firmada como «Tu Valentín», dando origen a la firma más cliché de la historia de la humanidad.
«El Martirio del 14 de Febrero»
Ese día mágico en el que la oferta y la demanda se dan un beso francés para meterle la mano en el bolsillo a medio planeta.
Todo empieza con la presión atmosférica. Si estás en pareja, el aire se vuelve denso. Tenés que encontrar el regalo perfecto: algo que diga «te conozco profundamente», pero que no diga «lo compré a las 19:45 en la estación de servicio porque me olvidé». El riesgo es alto. Un ramo de flores marchitas puede ser el equivalente diplomático a declarar la guerra, y una cena en un restaurante abarrotado es básicamente pagar el triple por comer codo a codo con un desconocido que está discutiendo con su mujer sobre quién se olvidó de pagar la luz.
Luego están los solteros, que se dividen en dos facciones:
Los Cínicos: Aquellos que postean memes sobre cómo el amor es una construcción social inventada por los fabricantes de tarjetas y el lobby de los diamantes, mientras comen pizza fría viendo una serie de asesinos seriales.
Los Desesperados: Esos que el 13 de febrero a la noche le dan like a fotos de hace tres años de sus ex, rezándole a San Valentín por un milagro de último minuto que solo termina en un «visto» humillante.
Y ni hablemos del marketing. Los supermercados se transforman en un altar al colesterol y la diabetes: corazones de chocolate rellenos de un dulce de leche que tiene la densidad del cemento Portland y osos de peluche gigantes que ocupan el espacio de un monoambiente y cuya única función es juntar ácaros hasta que la relación se termine (o el oso sea usado como rehén en la división de bienes).
Al final del día, todos estamos ahí: unos fingiendo que un anillo de plata los hace inmortales, otros fingiendo que no les importa estar solos, y los dueños de las florerías riéndose desde sus yates en las Bahamas.
Valentín murió decapitado para que hoy vos puedas pelearte por quién paga la cuenta de un sushi tibio. Un sacrificio hermoso, realmente.

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