


Fundado por José de San Martín en 1812, el cuerpo que forjó la libertad de medio continente continúa siendo hoy el máximo símbolo de honor, disciplina y custodia de la investidura presidencial.
Hoy se conmemora un nuevo aniversario de la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo, la unidad de élite que marcó un antes y un después en la historia de la emancipación americana. Creado en 1812 por el entonces teniente coronel José de San Martín, el regimiento nació bajo una premisa clara: la independencia exigía no solo destreza con las armas, sino un compromiso moral y un espíritu de sacrificio inquebrantables.
De San Lorenzo a Ayacucho: Una década de fuego
Desde su bautismo de fuego en el Combate de San Lorenzo (1813), los Granaderos se convirtieron en la columna vertebral del Ejército de los Andes. Su hoja de servicios es inigualable:
1817: El heroico Cruce de los Andes.
1824: La decisiva batalla de Ayacucho, que selló la libertad del continente.
Condecoraciones: En apenas una década, la unidad acumuló 22 distinciones, dejando un legado de heroísmo que aún resuena en las aulas y cuarteles del país.
Presente y misión: Custodios de la Patria
Tras un periodo de disolución, en 1903, bajo la presidencia de Julio Argentino Roca, el regimiento fue recreado con una misión de honor: ser la Escolta Presidencial. Actualmente, su estructura se divide para cubrir funciones ceremoniales y de seguridad:
Además de la seguridad del Jefe de Estado, los Granaderos custodian sitios sagrados de la identidad nacional: los restos del Libertador en la Catedral Metropolitana y su emblemático sable en el Museo Histórico Nacional.
El uniforme: La armadura de la tradición
Diseñado originalmente por el propio San Martín, el uniforme de los Granaderos es una pieza de ingeniería militar que combina elegancia francesa con funcionalidad táctica. Cada elemento tiene una razón de ser:
El Morrión: Con su penacho bordó y escudo de bronce, incluía originalmente «galápagos» de metal y una carrillera dorada para proteger la cabeza de ataques de sable.
La Visera: Diseñada para obligar al soldado a mantener la vista en alto, reflejando firmeza.
La Chaquetilla: Azul con vivos carmesí, posee un cuello de cuero duro y charreteras que servían de defensa ante estocadas enemigas.
El Sable: Hoy es una pieza ceremonial cromada, pero sigue siendo el símbolo del mando y la justicia.
Un legado que trasciende el tiempo
Con destacamentos permanentes en Yapeyú (cuna de San Martín) y San Lorenzo, el Regimiento de Granaderos a Caballo no es solo una unidad militar; es un museo viviente. A través de su disciplina y su presencia constante en la vida institucional de la República, los Granaderos reafirman cada día el ideal sanmartiniano de servir a la Nación con honor y lealtad.
»La independencia no solo requería destreza militar, sino también un fuerte compromiso con la patria.» — José de San Martín.